Clausuraron EFE en México; Marrder transmitió Panamericanos oculto

Por Alberto García Marrder Especial para Proceso Digital, La Tribuna y El País de Honduras Han pasado ya 51 años y creo que ya puedo revelar como burlé una prohibición del gobierno mexicano en 1975 que impedía, entonces, operar periodísticamente a mi agencia española de noticias EFE.
Y de todas maneras casi todos los protagonistas están muertos.
En septiembre de ese año, la dictadura franquista de España fusiló a cinco activistas que acusaba de terroristas (dos de la organización vasca ETA y tres del “FRAP” (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico).
Ignorando las peticiones mundiales de clemencia, incluida hasta del Papa Pablo VI.
Indignado y furioso, el presidente mexicano, Luis Echeverría (QEPD), rompió relaciones diplomáticas, comerciales y de comunicaciones con España.
Y cerró nuestra oficina de EFE en Ciudad de México y expulsó a nuestro corresponsal, mi apreciado Miguel Higueras (QEPD).
Pidió también que España fuera expulsada de las Naciones Unidas.
Esa decisión creó un gran dilema en la central de EFE en Madrid: Cómo cubrir, informativamente, los Juegos Panamericanos que se iban a celebrar en México del 12 al 29 de octubre de ese año, con asistencia de más de 30 países.
Yo trabajaba entonces como redactor jefe en la sección de Internacional de la agencia y me escogieron a mí, porque además viajaba con pasaporte hondureño.
Y la idea era que iba a representar a ACAN (Agencia Centroamericano de Noticias), una filial de EFE, de la cual había sido uno de sus fundadores.
Y las transmisiones serían de Ciudad México a ACAN-EFE en Panamá y allí a EFE- Madrid.
Pedí entonces la ayuda necesaria para cubrir un evento de tanta categoría de dos brillantes periodistas deportivos de EFE, el colombiano Guillermo Tribin Piedrahita (QEPD) y el guatemalteco Alberto Flores (QEPD).
Seríamos tres los periodistas que de escondidas íbamos a cubrir unos Juegos Panamericanos, cuando las otras agencias rivales tenían equipos de ocho o diez periodistas y sin esconderse.
Competimos entonces con la británica Reuters, la americana Associated Press y la francesa AFP.
Previamente asesorado en Madrid por Higueras, viajé a Ciudad México para hacer una cobertura periodística clandestina.
Lo más que pudiera pasar sería que me expulsaran, al igual que mi admirado Miguel Higueras.
Tuve la suerte que la oficina de prensa de esos Juegos Panamericanos estaba instalada en el mismo hotel donde nos íbamos a hospedar.
Y en un espacio o hueco que dejaban unas escaleras del hotel, instalé nuestras “oficinas” de ACAN, con teletipos y aparatos para editar y transmitir nuestros cables a ACAN-EFE de Panamá.
Y contrate una línea de microondas entre Ciudad de México y Ciudad de Panamá.
Todo clandestinamente y sin decir quiénes éramos en realidad.
Pero si con el permiso de la gerencia del hotel para usar ese hueco de las escaleras.
Yo no era un cronista deportivo, pero si organizaba la cobertura de esos Juegos Panamericanos y sobre todo, las transmisiones.
El trabajo duro diario lo tenían esos dos brillantes periodistas deportivos que me acompañaban y que tenían acceso a los resultados de los eventos deportivos, sin salir de la sala de prensa.
Y sucedió lo que iba a pasar: Alarmados por las buenas publicaciones que teníamos en América Latina, las otras agencias nos denunciaron.
Y el director de la sala de prensa les dijo con picardía: “Lo sabemos, pero no se lo digan a nadie”.
Regresé a Madrid con la tarea cumplida y en la madrugada del 20 de noviembre me tocó transmitir la muerte del Generalísimo Francisco Franco, tras casi 40 años de dictadura.
Años después tuve el placer de regresar a Ciudad de México, invitado a dar una charla a estudiantes y profesores de la Facultad de Periodismo de la Universidad Autónoma de México.
Estoy muy orgulloso y honrado de esa charla ante más de 300 estudiantes y profesores.
No de lo que hice en esos Juegos Panamericanos.
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