Manuel Diosleguarde brilla en una tarde de fracaso ganadero
Ganadería: La Quinta: Corrida en el tipo del encaste, toda cinqueña, escasa de fuerza y de casta, el segundo fue devuelto a los corrales por falta de fuerza y sustituido por uno de José Manuel Sánchez, boyante y bajo de casta.Toreros: Manuel Jesús, El Cid (estocada caída y descabello, silencio y tres pinchazos y media ladeada, silencio), Álvaro Lorenzo (estocada trasera, silencio y estocada tendida, silencio) y Manuel Diosleguarde (pinchazo y gran estocada, ovación y pinchazo hondo arriba y tres descabellos, ovación).
Subalternos:Destacaron en banderillas Raúl Caricol, Iván Garcí y José Luis Triviño.
Entrada: Lleno.
Incidencias: Tarde soleada con ausencia de viento.
Manuel Diosleguarde confirmó la alternativa.
No hubo rescate posible.
La ganadería de La Quinta desperdició la segunda oportunidad que le brindaba su doble comparecencia en la Feria de San Isidro, para levantar cabeza y recuperar su bien ganado prestigio; sí la levantaron, y mucho, unos torazos cornalones, de venerable edad, que se movieron topando y corneando capotes y muletas o embistiendo sin celo a los cites de los toreros, con lo cual, la tarde se perdió inexorablemente por el barranco del fracaso, a pesar de la buena voluntad de ElCid, la buena disposición de Álvaro Lorenzo y la entrega sin reservas del toricantano Manuel Diosleguarde.
Con este material, el arte del toreo se esfuma y el aficionado taurino se echa en brazos de la pesadumbre.
Vayamos por partes: Manuel Jesús, El Cid, es, por derecho propio lo que se conoce como “torero de Madrid”.
Podría decirse que Las Ventas ha sido su Plaza talismán en su larga trayectoria taurina, gracias a las grandes tardes de toros que ha cuajado en este ruedo, algunas estropeadas por su fallo con las espadas; pero esta tarde no ha podido ofrecer a parroquia tan afín un triunfo sin fisuras, porque si bien el toro sobrero de José Manuel Sánchez, le ofreció un boyante viaje, su falta de brío no provocaba emociones en el tendido, y el titular de La Quinta fue un toro grandullón de pavorosas defensas que protestó en el peto del caballo de picar, cortó el viaje en banderillas y acabó rajándose escandalosamente.
Con este material, es imposible cualquier lucimiento.
Álvaro Lorenzo es un buen torero.
Diría más: un excelente torero; pero un toro descastado y flojo, que entregó muy pronto la cuchara y otro que embestía a saltos y con la cara por las nubes, no es el lote más propicio para mostrar sus calidades y cualidades.
Ni un pero que ponerle al torero.
A su lote, un cero patatero.
No obstante, la tarde tuvo en el joven Manuel Diosleguarde el bote salvavidas del aburrimiento y la penuria.
Salió el muchacho a jugarse la vida sin reservas.
Solo así se entiende que no diera un solo paso atrás, ni un respingo, ni una picardía ante la bronquedad del toro de la ceremonia, toreando impávido por naturales de enorme mérito, precisamente por el lado que el toro embestía con más rudezas, pegando cabezazos, artero y protestón.
Lástima que pinchara, porque la estocada posterior fue un modelo de perfección y entrega.
La ovación posterior se antoja escaso premio para tanta exposición y firmeza.
Pero Diosleguarde no venía a Madrid a que le aplaudieran, sino a reventar la Plaza de entusiasmo; por eso volvió a las andadas en el último toro de la corrida, para no variar, bravucón y a la defensiva.
Manuel se engalló con él, le desafió en todos los terrenos y logró muletazos de extraordinario mérito a un toro que no merecía más que unos pases de castigo y pasaportarle con la espada.
Esta situación provocó un brote de emoción en los tendidos, con el público entrando de lleno en el desgarro de una faena de muleta de superlativa intensidad.
Si lo llega a matar con decoro al primer viaje, cae el premio de la oreja por su propio peso; por contra recibió el castigo del aviso.
Hoy, en Las Ventas, ante toros imponentes e inoperantes, de marcada peligrosidad, hubo un torero joven que pide agritos un sitio en la cartelería de la temporada.
Se llama Manuel y en los carteles pone por apellido el nombre de su pueblo salmantino: Diosleguarde.
Mañana torea en Valladolid.
Vayan a verlo, merece la pena.
Ayer, desde luego, fue el único bravo que se vio en el ruedo de la Monumental de Madrid.
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