El inquietante regreso de la justicia masiva

Analizamos la preocupante tendencia global hacia el uso de audiencias colectivas y procesos judiciales acelerados, comparándolos con métodos históricos de control social.
Luis Rivera El inquietante regreso de la justicia masiva Hace más de 90 años, en la Alemania nazi, comenzó a consolidarse un modelo de justicia que transformó para siempre la relación entre el Estado y el individuo.. Los juicios dejaron de centrarse únicamente en hechos concretos y comenzaron a enfocarse en grupos completos considerados “enemigos” del orden público.. El sistema judicial empezó a priorizar rapidez, castigo colectivo y control social por encima de la evaluación
individual de cada caso.. Uno de los símbolos más oscuros de aquella época fue el Volksgerichtshof, conocido como el “Tribunal del Pueblo”, donde cientos de personas eran procesadas bajo una lógica de enemistad política y donde la pertenencia al grupo señalado por el poder muchas veces pesaba más que las circunstancias particulares de cada acusado.. El discurso oficial justificaba esas medidas como necesarias para proteger a la nación, garantizar seguridad y enfrentar amenazas extraordinarias.. Y
precisamente ahí comenzó uno de los dilemas más peligrosos de la historia moderna: ¿Puede existir justicia cuando el sistema deja de ver personas y solo empieza a ver grupos?. Décadas después, esa pregunta vuelve a cobrar fuerza en distintos países del mundo donde han comenzado a normalizarse las audiencias colectivas, las detenciones masivas y los procesos judiciales acelerados como respuesta frente al miedo, la violencia o las crisis de seguridad.. En El Salvador, esta lógica
ha comenzado a reflejarse a través de las llamadas “audiencias únicas”, una figura incorporada dentro del régimen de excepción y utilizada para procesar simultáneamente a cientos de personas bajo acusaciones vinculadas a estructuras criminales.. El argumento oficial sostiene que la magnitud del fenómeno de las pandillas exige mecanismos extraordinarios y respuestas rápidas.. Sin embargo, el debate de fondo sigue siendo profundamente humano y peligroso.. Porque cuando cientos de personas son llevadas juntas ante un tribunal,
surge inevitablemente una pregunta incómoda: ¿realmente existe tiempo y capacidad para analizar de forma individual cada historia, cada prueba y cada nivel de responsabilidad?. El problema no aparece únicamente cuando un culpable es condenado.. El verdadero problema comienza cuando un sistema acepta que también algunos inocentes pueden ser sacrificados en nombre de la rapidez, la eficacia o la seguridad.. Porque cuando la justicia deja de analizar a cada persona individualmente y empieza a tratar seres
humanos como grupos, expedientes o simples números, el riesgo de cometer injusticias crece silenciosamente.. La historia demuestra que muchos sistemas autoritarios no comenzaron quitándole derechos a toda la población de un solo golpe.. Comenzaron convenciendo a la sociedad de que ciertas personas no merecían plenamente esos derechos.. Y cuando una sociedad empieza a ver las garantías constitucionales como obstáculos para la seguridad, poco a poco la excepción deja de ser temporal y comienza a convertirse
en costumbre.. La historia demuestra que los sistemas de excepción casi siempre nacen prometiendo seguridad, orden y protección.. El problema aparece cuando la urgencia comienza a desplazar lentamente las garantías que durante décadas fueron consideradas esenciales para evitar abusos del poder.. Hoy, más de 90 años después de aquellos episodios que marcaron a la humanidad, la pregunta sigue siendo incómoda y profundamente necesaria: ¿Creemos realmente que la seguridad justifica el riesgo de condenar inocentes, o
existen límites que ningún Estado debería cruzar, incluso en tiempos de crisis?. Y más importante todavía: ¿Es posible que algunas prácticas que la historia condenó hace tantas décadas estén comenzando a reaparecer lentamente frente a nosotros sin que queramo
justicia masiva, audiencias únicas, debido proceso, seguridad nacional, derechos humanos, sistemas judiciales, crisis de seguridad