¿Peligro cársico en La Habana? El mapa que advierte derrumbes y sismos
Un estudio presentado por Misryoum alerta escenarios potencialmente peligrosos por desarrollo del carso en zonas costeras de La Habana, con derrumbes, hundimientos y sismos kársticos.
La palabra “carso” suele quedar para especialistas, pero sus efectos pueden terminar en grietas, asentamientos y hasta colapsos.
El Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil de Cuba define el peligro de desastre como un evento extraordinario o extremo que, por sus características y condiciones, puede afectar la vida humana y la economía.. Dentro de esos procesos están los vinculados al desarrollo del karst o carso, un paisaje y tipo de relieve muy extendido en la isla, formado por la disolución de rocas solubles como la piedra caliza y la dolomita.. El dato de fondo que inquieta a quienes trabajan el tema es que una parte grande del archipiélago está geológicamente conformada por rocas carsificables, capaces de crear sistemas cavernarios en el subsuelo y desarrollar formas superficiales.
A esa base natural se suma un componente que vuelve el riesgo más complejo: el nivel de agua y su posible variación.. Aproximadamente una fracción del carso se encuentra actualmente en condiciones inundadas asociadas a la plataforma insular.. Y cuando se piensa en la dinámica del terreno a mediano y largo plazo, aparece con fuerza la relación con el cambio climático, especialmente por el incremento del nivel del mar y el posible ascenso de aguas cársicas subterráneas.. En términos llanos, lo que antes era “geología del lugar” puede transformarse con el tiempo en una amenaza para la estabilidad de cimientos y construcciones.
Los casos documentados a nivel mundial donde se han producido derrumbes por carso —incluso con colapsos totales de obras asentadas sobre cavidades no conocidas— dejan una lección repetida: no siempre el riesgo está a la vista.. Infraestructuras de distinto tipo, desde puentes y carreteras hasta presas, han mostrado que el subsuelo puede cambiar y sorprender, especialmente cuando hay vacíos o cavidades que no se detectaron o no se tomaron en cuenta durante la obra.. Misryoum entiende este punto como un recordatorio incómodo: la seguridad no se agota en lo visible, sino en el comportamiento del terreno a lo largo del tiempo.
En Cuba también se han reportado mini sismos vinculados a causas cársicas, eventos que por lo general liberan pequeñas cantidades de energía, pero que pueden contribuir a debilitar estructuras de cimentación de manera gradual.. Entre los episodios mencionados aparecen los de Ganuza, en San José de las Lajas, Mayabeque (9 de marzo de 1995) y los de Jardín de Aspiro, en San Cristóbal, Artemisa (mayo de 2006).. La importancia aquí no está en el estruendo del momento, sino en el efecto acumulado que puede tener sobre obras y viviendas.
Un proyecto para mapear escenarios en la costa habanera
Desde 2011, el Instituto de Geofísica y Astronomía (IGA), vinculado a la Agencia de Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), incorporó una línea de investigación dirigida a caracterizar y tipificar el carso superficial según el tipo y grado de recubrimiento de las rocas solubles por suelos y cortezas de meteorización.. Luego, por indicaciones vinculadas a la Defensa Civil, el trabajo se amplió hacia la elaboración de mapas de escenarios de peligros geológicos para La Habana.
Misryoum destaca que el enfoque no se limitó a describir el presente.. El proyecto buscó representar cartográficamente el escenario actual y proyectarlo hacia el mediano y largo plazo, considerando variables asociadas al incremento del nivel del mar y al comportamiento de aguas cársicas subterráneas.. En esa lógica, la cartografía se convierte en herramienta de decisión: no es solo un dibujo del terreno, sino una forma de anticipar dónde pueden aparecer problemas y cómo priorizar acciones.
En la etapa final del estudio se presentó, por primera vez, un mapa de peligro potencial de desastre por desarrollo actual y potencial del carso en la zona costera de La Habana, a escala 1:25 000.. Según los resultados recogidos en el trabajo, 54,3 % del territorio estudiado presenta escenarios potencialmente peligrosos en el momento actual.. De ese total, hasta 22,5 % podría evolucionar a condiciones muy peligrosas para el período 2050–2100.
Qué zonas y qué señales deben preocupar
El análisis señala que los municipios con mayor grado de peligrosidad incluyen Habana del Este, Playa Marianao y Boyeros.. Luego aparecen, con menor grado, Habana Vieja, Centro Habana y La Lisa.. El patrón no es menor: la capital tiene una combinación de ocupación del suelo, cercanía a áreas costeras y un subsuelo donde el carso puede jugar un papel decisivo en la estabilidad.
Entre los peligros detectados se mencionan posibles derrumbes parciales de viviendas construidas sobre carso, el potencial colapso total de algunas estructuras, hundimientos y probables sismos de origen kárstico por caída de techos de bóvedas o por emanaciones repentinas de gases formados en condiciones anaeróbicas.. Y más allá de los eventos extremos, el trabajo apunta a señales que suelen pasar desapercibidas o se confunden con “afectaciones normales” de la construcción.
Misryoum recoge aquí la parte práctica: los primeros indicios de carsificación y de posible desestabilización de cimientos se relacionan con la aparición de fisuras o grietas horizontales en paredes (asentamiento diferencial), el pandeo de mosaicos, la “caída” de rodapiés bajo paredes interiores y vibraciones perceptibles al caminar.. En la vida real, estas señales pueden implicar desde reparaciones urgentes hasta decisiones de mayor alcance en la seguridad de familias completas.
Por qué importa ahora y qué puede venir después
Para una ciudad, un mapa así cambia el tipo de conversación: deja de ser solo un tema técnico y pasa a ser un asunto de planificación territorial, mantenimiento, inspección y gestión del riesgo.. Misryoum lo ve como una pieza de preparación en un contexto donde el cambio climático añade presión sobre el sistema natural: si el agua y el entorno evolucionan, el subsuelo también puede hacerlo, y las construcciones responden con retraso, pero no sin consecuencias.
A futuro, la utilidad del mapa depende de que se traduzca en acciones concretas.. Identificar escenarios potencialmente peligrosos ayuda a ordenar prioridades: dónde inspeccionar con mayor rigor, cómo revisar criterios de cimentación, qué zonas requieren monitoreo más frecuente y cómo incorporar el riesgo cársico en decisiones urbanas.. El desafío para La Habana es doble: reducir la vulnerabilidad de lo ya construido y pensar el crecimiento urbano con una mirada más profunda, la del terreno que no se ve.
En última instancia, el mensaje central es simple y serio: el carso no es solo geografía, es un comportamiento. Y cuando ese comportamiento se cruza con agua, clima y edificación, aparecen escenarios que pueden pasar de la advertencia a la emergencia si no se actúa con tiempo.