Luis Enrique nunca me soltó

Hay frases que suenan a confesión y, a la vez, a puñetazo al relato fácil. “Podría tener 37 años en lugar de 17”, dijo Luis Enrique al poco tiempo de aterrizar en el PSG, sobre un Warren Zaïre-Emery que, aunque nació para el fútbol, parecía ir apagándose… al menos en apariencia.
Porque la historia tiene dos caras. En el arranque, el joven (Montreuil, Francia, 2006) llegó como una promesa clarísima, una de esas progresiones que todo el mundo mira con lupa. Pero luego empezó a notar que su estelar ascensión se estancaba y, incluso, le costaba su puesto en la selección. Deschamps lo resumió sin vueltas tras dejarlo fuera en el parón de septiembre y “repescado” por la Sub21 en octubre: “Se enfrenta a una competencia muy alta y tiene menos minutos. No estoy preocupado. Tiene todo por delante. Pero en el PSG, por ahora, hay tres jugadores que son titulares ante que él”.
Y, claro, no era solo fútbol de vestuario. Zaïre-Emery apenas ha cumplido 20 años hace poco más de un mes y ya acumula cerca de 200 partidos a nivel profesional, así que digerir el cambio no podía ser sencillo. En ese punto, una idea aparece una y otra vez: la sensación de que alguien no lo soltó. “Estaba detrás de mí y siempre venía a darme consejos”, reconoció a los medios del club en febrero, agradeciendo que Luis Enrique “nunca le soltó”. Para Lucho, según esa misma explicación, siempre hubo “un lugar especial en la planificación”.
Desde ahí, la jugada parece hecha con paciencia. En una plantilla como la del PSG, sin rotación excesivamente masiva, el riesgo de que un jugador se convirtiera en pieza ‘multiusos’ estaba servido. Sin embargo, ocurrió lo que tantas veces se repite en el fútbol pero no siempre sucede: una oportunidad real aparece, y cuando llega, no encuentra al chico perdido. Con la lesión de Hakimi en la primera parte de temporada, Zaïre-Emery se colocó en el lateral derecho y, durante esas semanas, rindió a un nivel excelso. Luis Enrique incluso lo puso por las nubes en la previa del duelo ante el Athletic en diciembre: “Es uno de los jugadores más maduros que he visto”.
Luego vino otro empujón, otro giro. Con la lesión sufrida por Fabián a finales de enero, le devolvieron a la sala de máquinas, y ahí es donde su rol empezó a cuajar con más fuerza. A partir de ese momento, pese a cumplir con nota en el flanco diestro de la defensa, ha vuelto a reivindicarse como uno de los mejores proyectos de centrocampista del planeta. También hay datos que lo vuelven difícil de discutir: es el jugador con más partidos (45) y minutos (3.723’) disputados con el PSG a lo largo de esta temporada y, en la ida ante el Liverpool, se convirtió en el jugador más joven que alcanza los 40 partidos en Champions. El día que el marcador se calmó, en el estadio se oyó ese silencio raro… el que llega cuando ya sabes que algo importante acaba de pasar.
En Champions, además, la cosa no se limita al “sabe estar”. Misryoum newsroom reportó que su precisión y su lectura del juego se están haciendo un hueco claro: sexto con mayor precisión en el pase (93%), cuarto en pases entre líneas (5.94), sexto en balones en profundidad (2.20) y octavo en conducciones que superan un rival (1.93). Y fuera del balón—que es donde a veces se le ve menos en televisión—aporta mucho: más intercepciones (1.57) en la presente Liga de Campeones, séptimo con más éxito a la hora de ir al ‘tackle’ (4.84), tercero con más desmarques de apoyo (4.21) y primero en pases que llegan al espacio (3.46). La idea que repite el entorno es que encaja en un sistema líquido, casi como si fuera natural que esa máquina funcione con él.
“Hoy estoy confiado y me siento bien. Luis Enrique siempre exige lo mejor de mí y nunca está satisfecho”, reconocía Zaïre-Emery, titular en 42/45 partidos este curso, sobre el asturiano. Y como si hiciera falta confirmar que el trabajo se traduce en reconocimiento, Deschamps volvía a citarlo con Francia a las puertas del Mundial en el parón de marzo: partió de inicio ante Colombia y luego cedió su puesto a Camavinga una vez superada la hora de partido. Para Deschamps, en la zona ancha hay “fuerte competencia”: Tchouaméni y Rabiot, y Kanté si está bien físicamente, son intocables. Después aparecen Manu Koné, Khéphren Thuram, Youssouf Fofana… y el propio Camavinga, que tendrá una prueba de fuego en Múnich.
En principio—y esto lo deja en la ambigüedad el propio escenario—el Mundial no corre peligro para el madridista. Pero la realidad, dicen dentro del análisis, es que en el avión no hay plazas para todos… y el nivel actual de Zaïre-Emery es un problema más. O quizá no problema, tal vez solo sea el tipo de “problema” que obliga a decidir, a apretar, a cambiar el guion. Y si Luis Enrique “nunca le soltó”, ahora toca ver quién vuelve a intentar dejarlo fuera.
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