Venezuela

Lavarse las manos deja un país rompiéndose

Chichí Páez”Quien incurre en felonía, cobardía y traición a su gente para salvar su pellejo y disfrutar privilegios no merece llamarse líder.” Anónimo Se empieza por confesar que el título de hoy también hubiera podido ser “Anatomía de la traición: el oportunismo como antítesis del liderazgo”. La historia universal está plagada de personajes que destacan por un perfil psicológico y moral sombrío: el del traidor consigo mismo, con sus acompañantes y seguidores que, tras haber proclamado una causa a lo largo de su vida, la

deja al garete en el momento crucial. Son expertos en esquivar su coparticipación en los hechos para eludir el castigo, buscando disfrutar en solitario de los beneficios obtenidos mientrascondenan a los otros al desastre. Este fenómeno no es nuevo, pero su vigencia en laactualidad nos obliga a revisar los espejos del pasado, pues se observa que “la historiaestá para repetirse”. Galería histórica de la felonía Para comprender la degradación del liderazgo, es imperativo examinar cuatro históricos y un concepto táctico que ilustran cómo el egoísmo

sepulta a la dignidad: Fernando VII (“El Rey Felón”): en el ámbito hispanohablante, su nombre es sinónimo absoluto de cobardía. En 1808, ante la invasión napoleónica, mostró una sumisión total a Bonaparte a cambio de una vida de lujos en el castillo de Valençay. Abandonó a su pueblo, que derramaba su sangre en una cruenta guerra de independenciadefendiendo su trono, mientras él enviaba cartas de felicitación al emperador francés. Al regresar, abolió la Constitución de 1812 y ejecutó a los mismos liberales que se habían

jugado la vida por restituirlo. Heinrich Himmler: el arquitecto del terror nazi y jefe de las SS -organización que funcionó como un Estado omnipotente dentro del Tercer Reich- promovió de modo implacable el dogma de la “lealtad absoluta”. Sin embargo, en abril de 1945, al ver el régimen desmoronarse, negoció en secreto una rendición unilateral con los Aliados a cambio de inmunidad. Al ser descubierto, abandonó a las tropas fanatizadas por sus discursos y se disfrazó de policía militar con documentación falsa para salvar su

pellejo, dejando que los demás pagaran las consecuencias en Núremberg. Antonio Pérez: el todopoderoso secretario de Estado de Felipe II se involucró en intrigas palaciegas y ordenó el asesinato de Juan de Escobedo. Cuando el rey descubrió sus delitos, Pérez huyó a Aragón en 1590, manipulando a las masas de Zaragoza y provocando graves revueltas bajo el pretexto de defender los fueroslocales. Cuando las tropas reales entraron a sofocar la rebelión, huyó cobardemente aFrancia, dejando desamparados a quienes le habían secundado, quienes terminarondecapitados mientras él

vivía en el exilio. Poncio Pilatos: inmortalizado en los Evangelios por el gesto de “lavarse las manos”, representa en el lenguaje cotidiano a quien decide desvincularse de un conflicto para evitar la responsabilidad de las consecuencias. Es el arquetipo del “caradurismo” burocrático y político. La Quinta Columna y el caudillismo: el análisis quedaría incompleto sin aquéllos que actúan desde dentro para socavar una organización en favor de intereses particulares. En la historia venezolana, este fenómeno se evidenció inmediatamente después de la muerte de Simón Bolívar,

cuando militares de alto rango del ejército libertador se enfrascaron en disputas caudillistas. Esto trajo más hambre, miseria y dolor que la propia Guerra de Independencia, una hecatombe que recuerda de manera inmediata a los sucesos del pasado 3 de enero. Los tres pilares del liderazgo verdadero En contraposición absoluta a este mimetismo metamórfico, la filosofía organizacional establece que un auténtico líder es el arquitecto ético de una causa y debe encarnar principios no negociables:-La fidelidad como camino de doble vía: la lealtad no es

un cheque en blanco para el beneficio personal del dirigente (que siempre ha de ser “orientador”). Si su conglomerado asume riesgos, el líder es el primero en ponerse en la línea de fuego. Su destino está indisolublemente ligado al de su gente: si hay gloria, se comparte; si hay castigo, él lo encabeza. -El ejemplo de dignidad personal: quien está en la dirigencia de una orquesta (un movimiento) es el espejo del mismo. Existen líneas rojas que jamás se cruzan, ni siquiera para salvar la

vida o la libertad. Un líder digno prefiere el peso de la ley o el sacrificio antes que el deshonor de comprar su salvación entregando a sus colaboradores. -Integridad inquebrantable: es la coherencia absoluta entre el discurso y la acción. Si se edifica una vida bajo ciertas banderas, la claudicación en el momento crítico destruye el legado y la fe de las personas en los ideales compartidos. Como bien se ha dicho: “El precio de la grandeza es la responsabilidad”. El capitán es el último

en abandonar el barco. La antítesis contemporánea: la vigencia de la vileza Al observar el panorama actual, resulta evidente que estas sombras no se han disipado. Abundan figuras públicas, políticos y dirigentes corporativos que asumen con alarmante naturalidad el comportamiento vil. Presenciamos cómo supuestos líderes, tras haber azuzado a las masas, orquestado estrategias dudosas y empujado a sus subordinados a situaciones hasta ilícitas, pactan en secreto o buscan resquicios legalespara salvar su propio pellejo al notar que el escenario se torna adverso. Esta preocupante realidad

contemporánea desvela una tríada de degradación moral: primero, la “instrumentalización del copartícipe” a quien ven como un peón sacrificable o un escudo humano para retrasar su propia caída; segundo, la “falta de decoro”, despojándose de ¿principios? y discursos con tal de evadir el castigo (como Himmler con su disfraz), demostrando que su hablar era sólo una máscara para acumular poder;y tercero, la “búsqueda de impunidad como meta”, pretendiendo una salida VIP mientras su entorno paga con cárcel, multas, descrédito, hambre y miseria. Esta conducta es

la antítesis del liderazgo. Quien actúa de esta manera demuestra que nunca fue un conductor, sino un vil oportunista: es hacedor de canalladas. El verdadero liderazgo se mide precisamente en la tempestad: es allí donde se separa al guía digno del cobarde que, para salvarse, es capaz de entregar y devorar a su propia gente. Ser líder exige integridad y honestidad ¡hasta el final. ! Si deseas que conversemos acerca de cómo podemos ayudarte a revisar tus estrategias y a enfocarte en lo que realmente

importa de este importantísimo tema organizacional, escríbeme a gerenciaenaccionve@gmail.com. Estamos listos para ayudarte a convertir el caos en un ambiente de confianza. Nuestros otros contactos: twitter: @genaccion; instagram: @gerenciaenaccionve; facebook: gerenciaenaccionvzla; y whatsapp: 58424 411 5051

traición, liderazgo, integridad, Fernando VII, Himmler, Antonio Pérez, Poncio Pilatos, Quinta Columna, caudillismo, Venezuela, Simón Bolívar

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Are you human? Please solve:Captcha


Secret Link