Irán enfrenta rechazo interno mientras Trump apunta a firmar

rechazo interno – Mientras Estados Unidos e Irán se acercan a un acuerdo para poner fin a un conflicto que comenzó hace más de tres meses, crece el rechazo dentro de Irán: sectores duros critican el memorando, se organizan protestas contra el equipo negociador y figuras cercana
Cuando Estados Unidos y el gobierno de Irán avanzan lentamente hacia un acuerdo para poner fin a un conflicto que comenzó hace más de tres meses. la presión no solo viene desde afuera. También se está acumulando dentro del país. donde sectores duros cuestionan cada detalle y elevan el tono en medios estatales. en calles y en redes.
El impulso del calendario es claro: el presidente de Estados Unidos. Donald Trump. ha sugerido que el memorando se firmaría este domingo. que coincide con el 80º cumpleaños de Trump. Pero Teherán no ha confirmado que exista un texto final acordado. y eso se volvió combustible para quienes no quieren que el acuerdo avance tal como está planteado.
Las críticas más agresivas han sido impulsadas por una facción minoritaria conocida como Jebhe-ye Paydari. o Frente de la Resistencia. Sus integrantes se presentan como guardianes de los valores de la revolución de 1979. que derrocó al sha prooccidental e instauró un régimen autoritario basado en la ideología islamista chiita.
Durante meses. las autoridades iraníes intentaron equilibrar las negociaciones con Trump mientras buscaban mantener la cohesión entre sectores políticos distintos dentro del país. incluido Paydari. La participación de miembros de esa facción en conversaciones con negociadores estadounidenses en Pakistán en abril se leyó como una señal de unidad interna. Sin embargo. el grupo activó a sus integrantes y movilizó medios afines para intensificar sus críticas al acuerdo. presionando a los negociadores iraníes.
Uno de los rostros más visibles de esa corriente es Mahmoud Nabavian, quien afirmó que si Irán firma el acuerdo “nos convertiremos de hecho en una colonia de Estados Unidos”. También aseguró que el acuerdo implicaría abrir el estratégico estrecho de Ormuz “incluso para Israel”.
Nabavian. que en el pasado formó parte del equipo negociador. agregó un argumento ligado al uranio: dijo que para llevar a cabo incluso el más mínimo nivel de enriquecimiento de uranio. Irán primero tendría que obtener permiso de Estados Unidos. incluso para fines como producir medicamentos o electricidad. También señaló que no estaba claro cuándo Irán se beneficiaría de la liberación de sus activos congelados en el extranjero o de un alivio de las sanciones.
“Cuantas más señales de debilidad enviemos, más cerca estará la guerra”, declaró Nabavian en una entrevista televisiva en la que leyó un supuesto documento del acuerdo. El problema para el público es directo: el texto del acuerdo no ha sido publicado oficialmente.
Esa falta de un documento accesible se siente aún más en el clima de protesta. Sectores duros han movilizado manifestaciones contra cualquier acuerdo y organizaron una gran concentración para la noche de este domingo frente al Ministerio de Relaciones Exteriores. dirigida contra Abbas Araghchi. el principal diplomático de Irán. en lo que describen como abierta desobediencia a los llamados a la unidad.
El rechazo no se limita a las calles. En redes sociales vinculadas al líder supremo. Mojtaba Khamenei. volvió a circular un mensaje suyo de marzo pidiendo a los medios “abstenerse seriamente de centrarse en las debilidades”. El diario Javan. considerado cercano a la Guardia Revolucionaria de Irán. señaló que algunos oradores en manifestaciones públicas estarían ignorando esas instrucciones y “actuaban para sembrar división y discordia entre la población”.
Los videos difundidos en redes sociales también mostraron que participantes en una manifestación realizada el sábado en Teherán exigieron renuncias de Araghchi y del principal negociador iraní. Mohammad Bagher Ghalibaf. En esas consignas. los manifestantes recordaron el asesinato. al comienzo del conflicto en febrero. del padre de Khamenei —el anterior líder supremo— con el grito: “¡Ghalibaf. Araghchi!. ¿Qué pasa con la sangre de mi líder?”.
La respuesta desde el entorno del presidente llegó el mismo domingo. Ali Rabiei, funcionario cercano al presidente Masoud Pezeshkian, advirtió contra la creación de “narrativas artificiales”. En paralelo. la agencia semioficial Tasnim también intentó frenar la escalada: señaló que los insultos ofensivos dirigidos “anoche” contra algunos funcionarios. aunque atribuidos a un grupo específico y muy reducido. fueron “completamente inaceptables” incluso en esa escala. Tasnim sostuvo que, si existen críticas o protestas, deben expresarse de forma razonable y respetuosa.
Detrás de todo esto está una pregunta que se repite en los pasillos políticos: aunque haya oposición interna, ¿tendrá fuerza suficiente para frustrar la inminente firma o incluso sabotear negociaciones futuras destinadas a alcanzar un acuerdo integral?
El marco institucional del poder en Irán lo describe el propio relato político: el nezam iraní —que incluye al líder supremo. el presidente. el ministro de Relaciones Exteriores. el presidente del Parlamento y las fuerzas armadas— ha intentado mostrar unidad al negociar una solución diplomática con Trump. A la vez. el texto difundido sobre la disputa interna subraya que elementos centrales de la República Islámica han intensificado esfuerzos contra cualquier acuerdo. Entre ellos se mencionan la radiodifusora estatal. políticos conservadores veteranos y manifestantes que afirman haber salido victoriosos de la guerra contra Estados Unidos e Israel. al considerar que un acuerdo implicaría renunciar a los logros obtenidos durante esa guerra.
La visión de fondo también apunta a un hecho que no siempre se percibe desde fuera: Irán tiene debate político propio y dinámico. El país permite que distintas facciones. con respaldo de sus propios medios de comunicación. operen dentro de las estructuras del Estado siempre que no desafíen los pilares fundamentales de la República Islámica. principalmente al líder supremo.
Y aunque existen paralelismos con otros lugares —voces en Estados Unidos e Israel que se oponen a un acuerdo con Teherán—. Irán también alberga disidencias internas. En este caso. el relato es más directo: estas voces evitan cuestionar directamente al líder supremo. pero ahora se muestran lo bastante audaces como para afirmar incluso que Mojtaba Khamenei fue inducido a respaldar el acuerdo mediante engaños.
Al final, el mensaje que se repite es el mismo: el régimen mantiene el control. Las voces disidentes pueden ser ruidosas y divisivas en ocasiones, pero el poder de decisión sigue en una estructura de gobierno consolidada, que —según esta lectura— esta guerra no ha logrado romper.
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