Roberto Sánchez desafía a Keiko Fujimori en Perú

El candidato izquierdista Roberto Sánchez, presidente de Juntos por el Perú y defensor del encarcelado Pedro Castillo, busca este domingo competir por la presidencia frente a Keiko Fujimori. Su campaña gira en torno a “recuperar la patria”, liberar a Castillo
When la campaña entra en su tramo decisivo, en Perú el contraste no podría ser más directo. Este domingo, el candidato izquierdista Roberto Sánchez —presidente del partido Juntos por el Perú— se enfrenta a la conservadora Keiko Fujimori tras haber logrado un ajustado paso a la segunda vuelta.
Sánchez no llega a la contienda como un desconocido del debate político. Se define como el “candidato presidencial castillista” y su propuesta coloca en el centro la figura del expresidente Pedro Castillo. hoy detenido y condenado a prisión por conspiración para la rebelión. acusaciones que él rechaza. Lleva incluso su sombrero como parte de esa reivindicación.
Su promesa principal es clara y ambiciosa: liberar a Castillo, al que considera víctima de un “complot golpista”. A partir de ahí. eleva el tono de su campaña con una idea que busca resonar en quienes se sienten fuera del acuerdo político tradicional: recuperar la patria —el Gobierno “para el pueblo”— y crear una nueva Constitución.
“Ha llegado el momento de la verdadera refundación de la patria: una patria soberana, justa y construida desde las bases del pueblo peruano”, dijo Sánchez.
La segunda vuelta lo encuentra con una victoria ajustada en el primer tramo. Sánchez logró el segundo puesto con apenas 21.000 votos de ventaja sobre el ultraderechista Rafael López Aliaga, quien rechazó los resultados.
Con 57 años, Sánchez construyó su trayectoria fuera del perfil típico del político de carrera. Estudió Psicología Social en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. en Lima. y trabajó como psicoterapeuta individual y grupal en la década de 1990. Según su perfil profesional. también tuvo experiencia en gestión pública administrativa en el Ministerio de Salud y otras áreas del Gobierno peruano. además de trabajar como consultor privado.
En el gobierno de Castillo, Sánchez fue ministro de Comercio Exterior y Turismo. Y en las elecciones de 2021 fue electo diputado para el periodo hasta 2026, con un apoyo explícito del expresidente.
Esa cercanía con Castillo no solo define su identidad política: también explica parte del esfuerzo por reconstruir coaliciones de voto. En un contexto de voto fragmentado y con muchas incógnitas, Sánchez buscó captar especialmente el voto rural. Ese segmento fue clave para remontar la desventaja inicial que enfrentó en el conteo de votos de la primera vuelta.
Tras la votación de abril. en su primera conferencia cuando las proyecciones ya lo ubicaban en el segundo puesto. prometió recorrer “todos los pueblos para convocarlos a la refundación de la patria”. Agregó que, como “movimiento social de la izquierda provinciana”, impulsaría una Asamblea Constituyente basada en igualdad de derechos.
Entre las prioridades que puso sobre la mesa. Sánchez citó la lucha contra la pobreza y la promesa de que la modernidad llegue a todos los puntos del país. También recordó que su programa electoral plantea nacionalizar recursos naturales “que son del pueblo” y elaborar una nueva ley para proteger a los mineros informales.
En semanas previas, al hablar de esas propuestas, intentó contener el temor que podrían provocar. Dijo que el “pánico financiero” que puede despertar su postulación “no tiene razón”. rechazó cualquier idea vinculada a expropiaciones y aseguró que busca un modelo en el que sea el Estado quien conduzca el desarrollo nacional.
Sánchez también hizo de Fujimori un blanco político. Responsable de la “corrupción enquistada”. dijo. y pidió el apoyo de los dirigentes populares “para compartir las luchas y esperanzas. asumiendo como propias las luchas del pueblo”. En el último debate antes de los comicios. días atrás. los cruces no se suavizaron: Sánchez y Fujimori se reprocharon y se acusaron mutuamente de responsables del “caos” y la inestabilidad política de Perú.
La tensión de esta segunda vuelta no termina en el resultado de las urnas. También empieza después, en el trabajo pesado de gobernar con un electorado y un Congreso fragmentados. Tanto Sánchez. del partido Juntos por el Perú. como Fujimori. de Fuerza Popular. enfrentan casi de inmediato el desafío de construir gobernabilidad.
En la primera vuelta. la suma de los votos de ambos candidatos no llegó al 30% de los votos válidos: menos de un cuarto del electorado. En ese escenario. la victoria no necesariamente significa que exista un mandato amplio; significa que el próximo gobierno tendrá que negociar. sumar y sostener acuerdos con fuerzas que no necesariamente comparten el mismo punto de partida.
Ese es el tipo de cálculo que ya ronda el debate. En esa línea. el analista político José Carlos Requena —magíster en Historia por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y socio fundador de la consultora Público— enumeró que el contexto “pide moderar las agendas propias en un país dividido”. elegir actores moderados para compensar y atraer al electorado que no apoyó a esos candidatos.
Alfredo Torres. analista político y presidente de Ipsos —una de las encuestadoras con mayor credibilidad del país— describió que el escenario indica que podrían ser meses de una gobernabilidad “difícil”. Agregó que quien resulte electo necesitará nutrirse de intenso diálogo con otros partidos en el Congreso para acordar consensos mínimos en pos de la estabilidad del país.
Para muchos votantes, lo decisivo ahora será ver si la promesa de refundación —con Castillo como emblema y una nueva Constitución como horizonte— logra convertirse en una ruta de gobierno, o si la aritmética de un país dividido termina chocando con la urgencia de sostener estabilidad.
Roberto Sánchez Keiko Fujimori Juntos por el Perú Perú segunda vuelta Pedro Castillo Fuerza Popular política peruana Congreso fragmentado Asamblea Constituyente nacionalizar recursos naturales