Spain News

Las Sinsombrero: el olvido histórico de una generación valiente

Nacieron en un contexto histórico complejo, marcado por la dictadura de Primo de Rivera, la inestabilidad política de la Segunda República y, posteriormente, la Guerra Civil y el régimen franquista.

Pero esa no fue la peor de las etapas que les tocó vivir.

La otra y la más dolorosa fue la literaria, una sociedad que les dio la espalda, que no las reconoció y que las arrinconó en el más absoluto de los olvidos.

Las intelectuales femeninas de la Generación del 27 entraron en un círculo perverso que acabó siendo estructural: a menos visibilidad cultural, menos estudios sobre su trayectoria y a menos investigaciones, menos presencia.

Solo en la actualidad, casi un siglo después de sus creaciones artísticas, el mundo cultural recupera y reclama un espacio para una generación de figuras femeninas formada por Ernestina de Champourcín, María Teresa León, Concha Méndez, María de la O Lejárraga, María Zambrano, Rosa Chacel, Josefina de la Torre, Margarita Gil Roësset, Luisa Carnés, Margarita Manso y Maruja Mall, también conocidas como Las Sinsombrero.

El apelativo surgió en la década de 1920, cuando surgieron ciertos rumores falsos para que las mujeres se quitasen el sombrero en la platea, ya que solo de esta forma los caballeros podían ver sin contratiempos la totalidad de la obra representada.

Sin embargo, la realidad del nombre de Las Sinsombrero es bien distinta y posee un matiz más insurrecto.

Las rebeldes de Sol Hoy se sabe que fue en la Puerta del Sol de Madrid donde algunos intelectuales, tanto hombres como mujeres, entre los que estaban la pintora Maruja Mallo, el poeta García Lorca o los pintores Salvador Dalí y Margarita Manso, decidieron quitarse el sombrero para demostrar su protesta contra las rígidas normas sociales, la sumisión femenina y los prejuicios de la época.

En aquel entonces, a principios del siglo XX, era habitual que todos se cubrieran la cabeza, sobre todo las mujeres, para ser consideradas respetables.

Por eso, el gesto de retirarse el sombrero en plena calle fue considerado por la sociedad madrileña como un acto de transgresión, propio de inconformistas e indisciplinados, por lo que sus autores fueron insultados y alejados a pedradas de una de las plazas más emblemáticas de la capital.

Sin embargo, ese aparente pequeño gesto de un grupo de artistas, sobre todo mujeres, puso en el foco a este conjunto de féminas valientes, lo que sirvió para situarlas en el nuevo mundo intelectual de la Generación del 27, dominado por la creación masculina.

A raíz de aquello, estas incomprendidas y las disciplinas que defendían lograron hacerse un hueco, aunque fue un avance efímero que acabó en el ostracismo con el paso del tiempo.

Aquellas mujeres formaron parte de una nueva generación que reclamaba autonomía, independencia y una formación intelectual igual a la de los hombres.

Por desgracia se toparon con una sociedad conservadora, aún conmocionada por la pérdida de las últimas colonias de ultramar y una sensación de falta de autoestima nacional.

En definitiva, una sociedad que lo que menos quería en aquel momento era que un grupo de mujeres pidiera paso con decisión para ponerse al frente de sus propias decisiones.

Con la llegada de la Segunda República parecía que todo iba a cambiar, pero se trató de un maquillaje temporal.

Llegó la Guerra Civil y asoló con cualquier incipiente sueño de libertad.

Adelantadas a su tiempo De la docena de mujeres avanzadas a su tiempo de la Generación del 27, destaca especialmente un selecto grupo formado por Concha Méndez, Rosa Chacel, María Teresa León, Luisa Carnés y María de la O Lejárraga.

Una rebelde de libro.

Así era la poeta y editora madrileña Concha Méndez, que ya de pequeña decía a todos los vecinos que quería ser capitana mercante, aunque finalmente se dedicó al universo humanístico a través de la creación literaria y teatral, con libros como Historia de un taxi, El solitario o Memorias habladas, memorias armadas, que dictó a su nieta cuando tenía 80 años.

Por culpa del franquismo, la autora tuvo que exiliarse como muchos otros a México, donde falleció en 1986.

Otra de las modernas de la Generación del 27 fue Rosa Chacel, que navegó entre la sinrazón de una época irracional y el anhelo por la libertad.

Nacida en Valladolid en 1898, Chacel fue una autora reconocida tardíamente como afín al movimiento de Las Sinsombrero.

Sobrina nieta de José Zorrilla, pasó el exilió entre París, Río de Janeiro, Buenos Aires y Nueva York, donde disfrutó de una beca de la Fundación Guggenheim.

En Argentina, colaboró con la revista Sur junto a Jorge Luis Borges y publicó obras como Memorias de Leticia Valle o La sinrazón, su novela más destacada.

El caso de María Teresa León es el más significativo de todos y uno de los ejemplos más interesantes de la participación intelectual y comprometida de la mujer durante los años de la República y el exilio.

Fue la primera española en conseguir un doctorado en Filosofía y una de las primeras mujeres en ir en contra de los dogmas oficiales en materia religiosa, política o moral.

Además colaboró en Diario de Burgos bajo el pseudónimo de Isabel Inghirami y en 1929 publicó su primera novela, Cuentos para soñar.

Fue siempre una mujer de elevada cultura y fina sensibilidad, desarrolló con excelente estilo una prolífica actividad literaria, dio conferencias, y realizó colaboraciones en prensa, radio y televisión.

Su obra incluye más de 20 publicaciones, entre otros, Contra viento y marea y Juego limpio.

Por su parte, Luisa Carnés, enmarcada entre los escritores del Nuevo Romanticismo, fue considerada como la más importante narradora social del 27 con títulos como Peregrinos de calvario y Natacha.

María de la O Lejárraga fue un caso especial en la Generación del 27, ya que además de su decidido activismo político en favor de los derechos de las mujeres, la riojana realizó una importante aportación literaria en la sombra a los trabajos de su marido Gregorio Martínez Sierra, autor teatral que gozó de notable fama y cuyo nombre está ligado a importantes obras musicales de autores como Falla o Turina.

Aunque Las Sinsombrero no aparecen en la mayoría de libros del texto que hablan sobre la Generación del 27, recientes estudios han sacado del anonimato un siglo después a muchas de aquellas artistas.

Un gran número de ellas expusieron en galerías de arte y publicaron obras que hoy en día son un referente.

Quitarse el sombrero como hicieron ellas fue un acto de rebeldía que dio el pistoletazo de salida al inicio del cambio para las mujeres españolas.

Las Sinsombrero, Generación del 27, historia de las mujeres, literatura española, exilio español, Maruja Mallo, María Teresa León

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Are you human? Please solve:Captcha


Secret Link