Importar estratégicamente: el nuevo desafío comercial para 2026

“En 2026 creo que pasamos de querer traer mucho a analizar qué vamos a importar y cómo”.
Gerardo describe la madurez que está tomando el comercio exterior en Argentina: menos impulso, más planificación, y un rol del asesor que va mucho más allá de lo técnico.
¿Cuál es la diferencia entre un asesor de comercio exterior y un despachante de aduana?
El despachante es alguien más de cancha: va directamente a mover los papeles en la aduana, a hablar con el cliente, a resolver lo técnico.
Y muchas veces, por la carga de trabajo, no tiene tanto espacio para la parte humana.
Lo que me gusta como asesor es que vayamos a la par.
Yo te explico el por qué sí y el por qué no de cada proceso.
Hay que conocer bien la mercadería, al proveedor, saber cómo evaluarlo, entender los costos.
Me aboco más al acompañamiento: quiero que el cliente aprenda a la par mío y que entendamos juntos todo el proceso de importación.
¿Qué sectores estás viendo con más movimiento hoy?
En ferretería, repuestos y maquinaria hay mucho.
Pasó algo interesante: el que le compraba a un proveedor local se dio cuenta de que ese proveedor era importador.
Y entonces dijo: si él puede importarlo, puedo importar yo también.
El que fabrica también está viendo la posibilidad de traer el insumo directamente para producir.
Hay muchas pymes que venden repuestos hechos acá pero necesitan materiales internacionales como el acero para poder fabricar.
Eso está creciendo bastante.
El rubro textil tuvo un auge muy grande el año pasado.
Hoy bajó un poco porque hay mucha competencia con la industria nacional.
El que produce acá te dice que ya no puede competir por precio.
Y la respuesta que veo es que hay que adaptarse: una parte de lo que fabricás siempre va a necesitar algo importado, ya sea maquinaria, repuesto o insumo.
¿Cómo describirías el momento actual del comercio exterior en Argentina?
Lo que estamos viendo es una normalización.
Antes importar se veía como algo inalcanzable, como si tuvieras que ser una hiper empresa para poder arrancar.
Hoy tenés más herramientas y más formas de empezar de cero.
Antes darte de alta como importador tenía muchos requisitos.
Hoy, si sos responsable inscripto, podés hacerlo en treinta días cargando unos datos.
Eso incentiva a las pymes y a los emprendedores a animarse.
Lo que pasó en 2025 fue una ola: mucha gente se animó, fue a ferias en el exterior, analizó productos, trajo cantidad.
En 2026 creo que pasamos de querer traer mucho a analizar qué vamos a importar y cómo.
Porque hubo casos donde se trajo demasiado de un solo producto sin analizar el impacto, y eso generó sobreoferta y bajada de precios.
La idea ahora es que las compras sean más conscientes, con un plan.
¿Cómo se vincula tu trabajo con la logística?
Todo el tiempo.
Es parte fundamental del proceso, desde el inicio hasta el fin.
Cuando pedís mercadería del exterior tenés dos opciones básicas: EXW, que es la mercadería puesta en la fábrica, o FOB.
En cualquiera de los dos casos necesitás contratar un forwarder para que te retire la mercadería, la lleve a un depósito, se consolide o se despache en contenedor, y después se hace todo el proceso de importación con el seguro hasta que llegue al puerto de destino en Argentina.
Están muy vinculados, cien por ciento.
¿Qué le dirías a alguien que nunca importó y está pensando en arrancar?
Que se anime.
Tanto emprendedores como pymes.
Que no tomen a la aduana como un obstáculo sino como una herramienta de crecimiento.
Lo principal es la asesoría y el acompañamiento constante para que la industria en la que estén pueda crecer.
Y algo más: el comercio exterior es parte de nuestra vida cotidiana.
Todos usamos o tenemos algo que tiene que ver con él.
Es la unión de dos puntos del mundo, dos personas, dos industrias que pueden hacer crecer a un emprendedor, a una empresa, a un sector entero.
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