Al Pucela de los no inscritos le dura la gasolina 60 minutos | El Norte de Castilla

En el fútbol rara vez se dan los milagros. El Pucela buscó uno en su debut en Son Moix ante un Mallorca con todavía halo … de Primera, en el que demasiado hizo con aguantar sesenta minutos. No es que el Real Valladolid se plantase en el césped mallorquín con complejo de inferioridad, ni mucho menos. Dio la cara en una circunstancias sonrojantes para un club profesional, en el que no cabe la excusa de la realidad del fútbol moderno, de las limitaciones de la Liga o de herencias sobrevenidas. No vale ese discurso –o excusa–, parafraseando al propio técnico, un Fran Escribá al que la procesión le va por dentro, pese a tener que debutar en casa del coco sin buena parte de la primera plantilla aún sin inscribir… Con otro perfil de entrenador, quizá mañana pusiese los pies en polvorosa…
RCD Mallorca
2
–
0
Real Valladolid
Arnau Tenas; Calatayud (Mate, min. 68), Raíllo, Valjent, Lato; Darder, Morlanes (Puigmal, min. 88), Pablo Torre (Álex Sala, min. 68), Luvumbo (Antonio Sánchez, min. 81), Roca (Lisio, min. 68); y Adrián Fuentes.
Aceves; Alejo, Ramón, Torres, Garri; Ojeda (Lachuer, min. 72), Ponceau (Parriego, min. 85), Chacón, Víctor Jr (Jorge Delgado, min. 72), Yeray (Erlien, min. 85); y Latasa.
Goles:
1-0 (min. 61): Pablo Torre de libre directo. 2-0 (min. 71): Raíllo cabecea un córner a la red de Aceves.Árbitro:
Andrés Fuentes Molina (Comité valenciano). Amonestó a Calatayud y Darder, por los locales; y a Ramón Martínez, por los blanquivioleta.Incidencias:
Partido correspondiente a la primera jornada de la Liga en Segunda División, disputado en Son Moix (Mallorca) ante 15.650 espectadores. El Pucela saltó al césped con camisetas en recuerdo del doctor José María Lomo, fallecido esta semana, y disputó el choque con crespones negros en las camisetas.
Con ese caldo de cultivo, el encuentro comenzó como se esperaba. Los de Luis García le pusieron coto al campo del Real Valladolid. Antoniu Roca, una de las novedades del once local, salió con ganas de amargar a Iván Alejo. Recién llegado del Espanyol, el catalán fue un incordio en una banda en la que Yeray fue mejor hacia adelante que hacia atrás.
Alejo, en el papel de capitán, sufrió en su papel de defensa, pero apareció con éxito en ataque. De hecho, suyas fueron las mejores acciones visitantes en la primera mitad, en la que, con poco que llevarse a la boca, el canterano pucelano, puso dos buenos centros que no encontraron rematador… Y que cuando lo encontraron, como en el caso de Víctor Jr –con el que se asoció con acierto–, el atacante blanquivioleta fue demasiado blandito para una defensa como la mallorquina, acostumbrada a encimar a jugadores de otro nivel… y que en el caso del Pucela, reanudó la temporada con las balas de fogueo de la pasada campaña. Y no es que estuviera mal Latasa, que no lo estuvo, con ese trabajo, esfuerzo, dedicación, entrega… [siga poniendo su adjetivo favorito], pero que gol lo que es gol…
Por no repetirse, la afición esperaba otro ‘9’, o, al menos, un acompañante para ‘Lata’, y ver si tenía algo más de acierto. Con Van Duiven, Barberá y Arnu sin inscribir, y Marcos André en casa, las opciones se limitaban a Erlien y Jorge Delgado, y este último más con la cabeza en León y su fichaje por la Cultural… No es de extrañar que con estos mimbres, Escribá optase por ese enganche en la figura de Víctor, al que le dieron la bienvenida al fútbol profesional en el que, a priori, será uno de los campos más complicados de la categoría. Otros de los destacados en la pretemporada, y prioritario para el técnico en la inscripción en Son Moix era Luis Chacón. El gallego estuvo desaparecido, sobre todo en la primera mitad, porque en la segunda, uno de esos aspectos a destacar de este nuevo Pucela de Escribá, estuvo en esa línea de tres ofensiva por detrás del ‘9’, en el que la movilidad de Chacón, Víctor y Yeray puede dar muchas alegrías, además de que en Mallorca se convirtió en el principal arma visitante, más allá de que la pólvora estuviese mojada (ni un tiro a puerta).
El partido no fue especialmente malo –tampoco bueno–, pero ante la enjundia del rival, al que todas las inteligencias artificiales y estimaciones de la competición le dan en Primera en diciembre… la puesta de escena de los de Escribá se podría dar por decente. Durante la primera mitad, y salvo por una gran parada de Aceves, el equipo de Luis García no inquietó en demasía; y si lo hizo, es cuando entró en contacto con el esférico Luvumbo, que, previsiblemente, y salvo lesión, será uno de los jugadores de la Liga en el mes de mayo.
Otro de los que puede estar ahí en el top-10 de la competición es Adrián Fuentes, que en Son Moix certificó la realidad de la actualidad entre los dos equipos que se medían en el césped: uno incapaz de inscribir a tiempo y firmar a futbolistas destacados en Segunda, caso de Fuentes, goleador la pasada campaña en el Córdoba; y un Pucela que experimenta a ver qué pasa con arietes, que para colmo de males ni puede alinear.
Clubes que son capaces de reaccionar a la pérdida de sus futbolistas señeros, caso de Muriqui, Virgili o Samu Costa; y formalizar toda la plantilla en tiempo y forma; y clubes que tienen que montar en un avión a última hora a tres ‘niños’ sin experiencia del filial para completar una convocatoria, y dejar sin herramientas al técnico a las primeras de cambio.
Y ese cambio de guión llegó con el primer gol bermellón que llegó en el minuto 61 tras un libre directo de Pablo Torre, ese futbolista que fichó como figura del Racing el FC Barcelona, y que está a la espera de explotar en la isla. El problema del balón parado también se vio en el segundo tanto bermellón, en un mal ya recurrente de los blanquivioleta, y en el que Ramón Martínez fue demasiado flojito ante Raíllo.
Sentenció el encuentro cuando faltaban aún veinte minutos, en los que estuvo más cerca el tercero que la reacción pucelana. Reacción inexistente porque la tuvieron que encarnar un delantero que no cuenta para Escribá, como lo es Erlien, que sin competencia, salió en el 85; y porque prefirió sacar antes a Jorge Delgado, con la cabeza en el Reino de León. Ver para creer en un partido que se comenzó a perder muchos días antes del pitido inicial.