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Sentencian a ocho años de prisión a traficante de migrantes en Acuña

Ocho años es mucho tiempo, ¿no? Pues eso es lo que le espera a Carlos “N” tras ser sentenciado por tráfico de personas en Ciudad Acuña. Me imagino la escena, ese calor seco del norte pegando en los cristales del coche, y de repente, las luces de la patrulla. Fue la Policía Civil de Coahuila quien lo detuvo a la altura del Parque Industrial Amistad, justo cuando intentaba pasar desapercibido con tres personas de origen hondureño a bordo.

Según lo que Misryoum pudo recabar, el objetivo de este hombre era claramente sacar un beneficio económico, evadiendo los controles migratorios —como si fuera tan fácil hoy en día con tanta vigilancia—. No le salió el plan, porque después de la detención, la maquinaria legal se puso en marcha a través de la Fiscalía Especializada de Control Regional.

Todo este proceso llegó hasta el Centro de Justicia Penal Federal. El Ministerio Público Federal presentó las pruebas, los testimonios, todo lo necesario para que el juez dictara el fallo condenatorio. La verdad, es un caso bastante directo, aunque deja ese sabor amargo de saber lo que arriesgan algunos por un poco de dinero —o quizás mucho, quién sabe qué hay detrás de estas redes—.

La sentencia no se queda solo en la cárcel. Además de los ocho años tras las rejas, a Carlos “N” le impusieron una multa de cinco mil UMAs. También tiene que pagar la reparación del daño a las víctimas, que se fijó en 100 dólares. Una cifra que se siente un tanto pequeña comparada con la gravedad de la sentencia, pero así es como funcionan los papeles y las leyes en estas audiencias.

Es curioso pensar en cómo cambia la vida en un segundo, en un retén en medio de una zona industrial. Uno se pregunta qué pensaban los migrantes en ese momento, si tenían miedo o si solo querían llegar al otro lado, lejos de todo. Ojalá sus historias terminen mejor que este viaje fallido por Acuña.

Al final, el caso quedó cerrado con la individualización de la pena, dejando claro que las autoridades están apretando las tuercas en la región. Misryoum confirmó que el sentenciado deberá cumplir con todo lo dictado por el juez, sin mayores vueltas. Un capítulo que se cierra para las autoridades, pero que deja muchas preguntas abiertas sobre lo que sigue pasando en la frontera, en esas rutas que nunca terminan de estar quietas.