El Betis se hace el harakiri y dice adiós a Europa

La noche en La Cartuja pintaba para histórica, o al menos eso se respiraba en el aire. El olor a césped recién cortado y ese murmullo constante de una grada que esperaba hacer historia se transformaron, en cuestión de minutos, en una pesadilla difícil de digerir. El Real Betis, que lo tenía todo a favor para alcanzar las primeras semifinales de la Liga Europa de su historia, terminó haciendo el harakiri frente al SC Braga.
El arranque fue de los que ilusionan. Apenas quince minutos habían pasado cuando el Cucho Hernández, con un cabezazo tras una jugada brillante de Ez Abde, ponía el 1-0. Poco después, parecía que el destino estaba escrito con el segundo tanto, aunque ese fuera anulado. La sensación era de dominio absoluto, pero entonces, el fútbol —que a veces es un capricho cruel— nos recordó por qué es tan impredecible. Un choque accidental entre Bartra y Llorente dejó la pelota muerta para que Pau Víctor recortara distancias antes del descanso. Un detalle, quizás, pero fue la grieta por donde se escapó todo.
La segunda parte fue, francamente, para olvidar. En apenas un suspiro, el Braga se encontró con el empate tras una salida en falso de Pau López y, casi sin tiempo para asimilar el golpe, un penalti cometido por Amrabat le dio la vuelta al marcador. Ricardo Horta no perdonó desde los once metros. ¿Qué pasó por la cabeza de los jugadores? Probablemente nada, o demasiadas cosas a la vez.
El Betis se quedó impasible. Pellegrini intentó agitar el avispero metiendo a Aitor Ruibal, pero el equipo jugaba con más ganas que cabeza. A esas alturas, el estadio ya empezaba a sonar a desaprobación. Es complicado ver a un equipo tan capaz desmoronarse así, perdiendo los papeles y, de paso, la eliminatoria ante un rival que supo aprovechar cada regalo.
Para cerrar la herida, Gorby soltó un zapatazo desde la frontal en el minuto 74 que se coló en la red de Pau López. Fue el 2-4. Silencio absoluto en el graderío, solo interrumpido por algunos silbidos que bajaban de la grada. Misryoum pudo captar la desolación en los rostros de los aficionados que, hasta hace poco, saltaban de alegría. Entraron Bakambu y Deossa, sí, pero era tarde. El barco ya se había hundido.
Esta derrota no solo deja al Betis fuera de la competición, sino que complica seriamente las aspiraciones de alcanzar plazas de Champions en LaLiga. Un doble golpe, si se piensa bien. A veces el fútbol no da segundas oportunidades, y el Betis simplemente se dejó ir en una segunda parte para el olvido. O quizá fue solo mala suerte, aunque eso a estas alturas ya no consuela a nadie.


