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Cierre amargo para el Baskonia: derrota en Belgrado frente al Partizán

El Kosner Baskonia cerró su paso por la Euroliga con un sabor agridulce. Perder 91-79 contra el Partizán en Belgrado no es el final que hubieran querido, aunque —siendo realistas— ya no había nada en juego. El equipo llegó a esta última jornada con una inercia positiva, de esas que te hacen creer que puedes pelear cualquier cosa, pero el ambiente en la capital serbia es pesado, de esos estadios donde el ruido de la grada se te mete hasta en los huesos antes de que empiece a rodar el balón.

Fue un duelo de contrastes donde el equipo local, ahora bajo el mando de Joan Peñarroya, demostró estar en un momento bastante dulce. Por parte de los nuestros, Paolo Galbiati intentó ajustar las piezas, pero se notó demasiado la ausencia de alguien como Trent Forrest para mover el equipo. Sin ese generador de juego, el Baskonia fue a remolque casi todo el tiempo, siempre un paso por detrás en la intensidad defensiva y, sobre todo, sufriendo muchísimo desde el perímetro. Es frustrante ver cómo los triples no quieren entrar, y es que ese 3 de 11 inicial ya te va marcando el terreno, ¿no? A veces parece que el aro se cierra y no hay forma de cambiar la dinámica.

Hubo chispazos, claro. Mamadi Diakité tiró del carro al principio y Eugene Omoruyi dejó un par de acciones interesantes, pero fue insuficiente. Nick Calathes movió al Partizán con la calma de siempre y, cuando Tonye Jekiri salió desde el banquillo, la diferencia en el rebote se hizo evidente. El Baskonia parecía ofuscado, tratando de forzar desde la línea de tres cuando el partido pedía otra cosa, quizá más paciencia o simplemente buscar otras vías de anotación.

Ya cuando entraron en el último cuarto con once puntos abajo, se vio claro que la moneda no iba a caer de nuestro lado. Las pérdidas de balón empezaron a acumularse y las faltas, bueno, las faltas llegaron cuando ya era difícil remontar.

Perder siempre duele, pero tras ocho victorias seguidas, quizás tocaba tropezar. Ahora, el foco cambia radicalmente: toca centrarse en los playoffs de la Liga Endesa. Ser los vigentes campeones de la Copa del Rey te obliga a mirar hacia adelante, y en Vitoria saben que lo que importa de verdad empieza justo ahora. Veremos cómo se recuperan del viaje y si logran ajustar la puntería para lo que viene, que no es poco. Es hora de pasar página y olvidar el frío de Belgrado.

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