Cambio climático en México: el riesgo de mortalidad aumenta un 15%

Un estudio de la Ibero advierte que el cambio climático en México podría elevar la mortalidad en un 15% tras eventos extremos, convirtiéndose en una crisis sanitaria crítica que exige acción inmediata.
El cambio climático en México se ha consolidado como una amenaza directa para la vida, con proyecciones que estiman un aumento de hasta el 15 % en la mortalidad tras fenómenos meteorológicos extremos.. Esta tendencia, que va más allá de la destrucción material, coloca al país ante una crisis de salud pública sin precedentes.
Un análisis reciente elaborado por el Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad (Centrus) de la Universidad Iberoamericana ha revelado una realidad alarmante: los efectos de ciclones, inundaciones y olas de calor persisten en el organismo humano hasta dos meses después de que la tormenta ha pasado.. Según el investigador José Alberto Lara Pulido, el impacto tras estos eventos es sistémico y devastador.
Impacto sanitario prolongado y grupos vulnerables
Los datos presentados son contundentes respecto al incremento en la incidencia de padecimientos tras los desastres.. Mientras que la mortalidad por accidentes registra un alza del 70 % tras el paso de un ciclón, las enfermedades respiratorias pueden llegar a duplicarse.. Por otro lado, la salud mental también sufre un deterioro significativo, con un aumento del 50 % en las consultas relacionadas, mientras que las enfermedades virales se disparan más allá del doble de las cifras habituales.. Este panorama demuestra que el riesgo no termina con el cese de las lluvias o el viento.
La vulnerabilidad no afecta a todos por igual.. El estudio subraya que los niños, los adultos mayores y aquellos pacientes que ya gestionan enfermedades crónicas forman la primera línea de riesgo.. La precarización de las viviendas y la falta de acceso a servicios médicos rápidos en zonas rurales o marginadas actúan como catalizadores que multiplican el peligro.. La infraestructura actual del sistema de salud en muchas regiones del país no está preparada para responder ante estos picos de demanda súbita, lo que deja a millones de personas desprotegidas cuando el termómetro sube o el agua inunda sus comunidades.
La urgencia de un cambio de paradigma
Ante el pronóstico de un incremento de hasta 2.5 grados centígrados para el año 2060, el país enfrenta un desafío estructural.. El calor extremo no solo incomoda; altera la seguridad alimentaria y facilita la proliferación de patógenos en el agua, creando un entorno propicio para epidemias.. Si el 83.6 % de las pérdidas económicas registradas en 2024 derivan de fenómenos hidrometeorológicos, es evidente que la economía y la salud están entrelazadas en una dependencia peligrosa frente a la inacción climática.
La transición hacia políticas de prevención es una necesidad de supervivencia.. No se trata únicamente de construir muros de contención o diques, sino de integrar la salud pública dentro de la agenda ambiental.. Es imperativo que las autoridades prioricen una infraestructura resiliente, capaz de resistir no solo el embate físico de los huracanes, sino también la carga sanitaria que estos generan a largo plazo.. La visión de los expertos en Misryoum sugiere que el enfoque debe desplazarse hacia una preparación que contemple la resiliencia comunitaria, permitiendo que las poblaciones más pobres puedan enfrentar los cambios climáticos sin que su salud sea el precio final de la crisis.