Seguridad vial: El cambio urgente para evitar tragedias en Quito

La capital ecuatoriana vive una crisis silenciosa que se manifiesta con violencia en el asfalto.. Las cifras de siniestros de tránsito y fallecimientos han escalado de manera preocupante: de 250 decesos en 2023 a 296 proyectados para el cierre del año, evidenciando una tendencia que no da tregua.. El reciente accidente de un bus de Setramas, que omitió un semáforo en rojo y segó la vida de dos motociclistas, ha vuelto a poner sobre la mesa la urgente necesidad de repensar la seguridad vial en la ciudad.
Hacia una filosofía de sistema seguro
Misryoum dialogó con Claudia Díaz Acosta, experta en movilidad y exsecretaria en Bogotá, quien sostiene que debemos dejar de ver estas muertes como eventos aislados o simples errores humanos.. La clave, explica, reside en la adopción del paradigma de “sistema seguro”.. Este modelo traslada la responsabilidad de la seguridad no solo al conductor, sino también al Estado, a los urbanistas y a quienes diseñan el espacio público.. Ya no se trata de culpar a la víctima, sino de crear entornos donde, incluso si alguien comete una infracción, la infraestructura impida un desenlace fatal.
La velocidad actúa como el eje estructurante de esta problemática.. Existe una creencia errónea de que acelerar 10 kilómetros por hora no altera significativamente el riesgo, pero la física demuestra lo contrario.. Si un vehículo circula a 50 km/h y colisiona con un peatón, las probabilidades de supervivencia son altas, siendo un impacto equivalente a una caída desde un segundo piso.. Sin embargo, al subir a 60 km/h, la probabilidad de muerte aumenta exponencialmente al 90%, lo que equivale a lanzar a la persona desde un cuarto o quinto nivel.. Entender este riesgo físico es fundamental para que la ciudadanía comprenda por qué los límites de velocidad no son sugerencias, sino medidas de protección vital.
Infraestructura, control y cultura ciudadana
El diseño de las calles también envía mensajes claros a los conductores.. Carriles excesivamente anchos, superiores a los 3,5 metros, invitan inconscientemente a aumentar la velocidad, generando una falsa sensación de control.. Un urbanismo consciente debe integrar elementos que naturalmente induzcan a la moderación: estrechamiento de carriles, señalización táctil y una jerarquía clara donde el peatón y el transporte público tengan prioridad real frente al vehículo privado.. Este cambio estructural no es cosmético; es una reingeniería de la convivencia urbana.
Más allá de las obras, la aplicación de la ley sigue siendo un punto de fricción política.. A menudo, los gobiernos locales evitan implementar fotodetecciones por miedo al costo electoral, ignorando que el control efectivo es el pilar de la reducción de siniestros.. La experiencia en otras capitales regionales demuestra que, cuando los ciudadanos perciben un control constante —mediante cámaras o patrullajes aleatorios—, las conductas de riesgo disminuyen drásticamente.. La tecnología, sumada a una pedagogía clara sobre los riesgos, es la única forma de frenar esta pandemia silenciosa.
Finalmente, la sociedad civil debe exigir una agenda pública que priorice la protección a la vida por encima de la rapidez en los desplazamientos.. Los medios de comunicación y las autoridades tienen el deber de articular un discurso que transforme la percepción sobre la seguridad vial.. No se trata de criminalizar al conductor, sino de entender que las calles son espacios compartidos donde un error humano no debería transformarse, bajo ninguna circunstancia, en una sentencia de muerte.. La seguridad vial es, en última instancia, la prueba definitiva de nuestro respeto por el prójimo en el espacio común.