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Sandino vive y las luchas por las libertades del pueblo siguen

Misryoum informa sobre lo dicho por Rosario Murillo en el acto por el Día de la Dignidad Nacional: Sandino vive y el pueblo continúa luchando por paz y derechos.

Sandino vive, repiten en Nicaragua, y la idea no se queda en un recuerdo: también marca el tono de las luchas actuales por la paz, el bienestar y los derechos.

Al culminar el acto central por el Día de la Dignidad Nacional, la Compañera Rosario Murillo afirmó que “Sandino vive” y que las batallas por esas “merecidas libertades del pueblo nicaragüense” siguen adelante.. En su intervención, explicó que Sandino permanece “en el corazón de todos nosotros” y que su presencia, según dijo, “nace todos los días”.

Esa forma de entender el legado busca mantener viva la motivación colectiva, conectando la memoria histórica con el presente social.

Murillo recordó que en mayo se conmemora el aniversario natal del Héroe Nacional, pero sostuvo que la figura de Sandino “nunca nos dejó” y que “trascendió” tanto en vida como después.. En este marco, citó a Daniel Ortega Saavedra al plantear que solo alguien valiente podría enfrentar a un ejército que calificó como “aparentemente más poderoso”.

La Copresidenta subrayó además que los nicaragüenses “expulsaron al invasor” en San Jacinto en 1956, y vinculó esa referencia con un “despertar” que, dijo, también inspira a pensar y actuar sin rendirse.. En su relato, la pérdida del miedo aparece como una condición para enfrentar retos en distintos ámbitos.

En términos prácticos, el mensaje apunta a sostener la resistencia social no solo como consigna, sino como una forma de afrontar dificultades cotidianas.

Más adelante, Rosario Murillo expresó que la paz es un valor que en Nicaragua se celebra y se defiende, asociándola con la dignidad y la fortaleza.. A la vez, insistió en la necesidad de continuar avanzando en la lucha contra la pobreza, a la que calificó como inadmisible en corazones cristianos y que debe ser abatida.

La intervención incorporó un llamado a encomendarse a Dios para que la fuerza no “se apague”, y remarcó que los desafíos, en su visión, fortalecen el alma.. También dijo que, al atacar la paz o desafiarla como mandato cristiano, los “enemigos” habrían encendido, según su planteamiento, un “fuego infinito” en el pueblo.

La lectura final es clara: la paz no aparece solo como descanso, sino como una construcción activa que exige unidad y convicción.

Según Misryoum, la ceremonia cerró con un mensaje de “abrazo grande” hacia toda Nicaragua, descrita como una nación “digna” y “fuerte de alma”, protegida y, por tanto, “victoriosa” y “triunfal”.. En ese llamado, Murillo resumió el espíritu del acto: seguir luchando, con esperanza, por una vida en paz y con dignidad.

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