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Penalidad por maternidad: la brecha salarial sigue creciendo al tener hijos

La llegada de hijos afecta más a las carreras de las mujeres que a la de los hombres, ampliando una brecha que se mantiene a lo largo del tiempo.

Tener descendencia sigue pasando factura, y la maternidad es el punto de quiebre más visible en la brecha salarial de España.

Misryoum destaca que la desigualdad entre mujeres y hombres en el mercado laboral no se explica por una sola razón: influyen la división sexual del trabajo, la segregación hacia sectores con peor remuneración y la falta de corresponsabilidad.. Pero cuando se mira la evolución de las trayectorias a lo largo del tiempo, aparece un patrón persistente: la maternidad reduce oportunidades y cambia la senda profesional de muchas mujeres, mientras que la paternidad apenas altera la de los hombres.

En este contexto, la llamada “motherhood penalty” o penalización por maternidad describe precisamente esa diferencia: el nacimiento de hijos no solo coincide con cambios personales, también se traduce en efectos medibles sobre empleo, ingresos y posibilidades de promoción.

Un aspecto clave es que la penalización tiende a aparecer tras el primer hijo.. Misryoum señala que, en la fase inicial de la vida laboral, las diferencias salariales suelen ser menores, pero después del nacimiento se mantienen y, con frecuencia, se intensifican.. Además, la evidencia sobre ingresos sitúa caídas relevantes en el año posterior a la maternidad, mientras que en el caso de los padres el impacto es mucho más reducido.

Esto importa porque no se trata solo de un “bache” puntual en el tiempo: el coste acumulado puede condicionar el resto de la carrera. Cuando los efectos comienzan pronto, las trayectorias posteriores parten desde una posición distinta, y la recuperación es más difícil.

La brecha no permanece estable.. Con el paso de los años, Misryoum indica que tiende a ampliarse y a tener más peso con la edad.. Las cifras divulgadas por estadísticas nacionales y otros informes sectoriales apuntan en la misma dirección: la diferencia salarial existe y, en términos generales, se mantiene aunque cambien algunos valores según el año o el rango de edad.

Parte del mecanismo se relaciona con la participación laboral.. Tras tener hijos, muchas mujeres reducen su presencia en el trabajo y, con ello, disminuye la disponibilidad para tareas y horarios que suelen pesar en la progresión profesional.. Misryoum también subraya que, en paralelo, aumenta el recurso al trabajo a tiempo parcial o a empleos con menor estabilidad, lo que termina afectando a ingresos y opciones de ascenso.

A ello se suma un elemento estructural: el reparto desigual de los cuidados.. Misryoum recuerda que, en España y en muchos países, las mujeres siguen asumiendo una proporción mayor del trabajo doméstico y del cuidado de hijos e hijas.. Esa carga se traduce en más interrupciones, menos margen horario y más obstáculos para llegar a posiciones de responsabilidad.

En contraste, los datos que se manejan suelen reflejar que no hay un efecto equivalente para los hombres.. En la práctica, la paternidad no suele implicar una caída similar en sus ingresos, y en algunos casos incluso se observa un ligero aumento.. Misryoum lo relaciona con expectativas sociales persistentes sobre el papel del hombre como sostén económico y con trayectorias laborales que tienden a mantenerse con más continuidad.

Reducir la penalización exige ir más allá de la suma de decisiones individuales.. Misryoum apunta que resultan relevantes políticas como permisos parentales igualitarios, servicios de educación infantil de calidad y modelos laborales menos dependientes de jornadas excesivamente largas, porque el problema también está en cómo se organizan el trabajo y los cuidados.

Al final, si la organización actual no cambia, tener descendencia seguirá asociándose a una desigualdad que se acumula y se refleja en el ciclo vital. Misryoum advierte que, mientras no se corrijan esos desajustes, la brecha salarial seguirá ampliándose en lugar de cerrarse.