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La ética del no saber: el pilar del trabajo terapéutico

Exploramos cómo la ética del psicólogo reside en no asumir el lugar del 'amo' y permitir que el paciente descubra su propia verdad a través del no saber clínico.

La ética del no saber define el verdadero trabajo terapéutico y marca una distinción fundamental entre el abordaje clínico y la simple prescripción médica.. Mientras que en la psiquiatría el encuadre suele reducirse a la correlación entre síntomas y neurotransmisores, la psicología exige navegar la transferencia, un terreno mucho más difuso donde reside el malestar del sujeto.

El paciente llega a consulta atravesado por una contradicción: posee un saber sobre su dolor, pero ignora su origen y su significado profundo.. Ese sentimiento de vulnerabilidad, derivado de la pérdida de control sobre el propio psiquismo, es precisamente el motor que impulsa la búsqueda de ayuda.. Sin embargo, es también el punto donde surge el riesgo clínico más grande: la tentación del psicólogo de ocupar el lugar de aquel que todo lo sabe.

El riesgo de la posición de amo en la consulta

Cuando un profesional olvida que su función es acompañar y no dictar, puede caer fácilmente en una posición de poder.. Un psicólogo que no ha trabajado sobre su propia subjetividad puede sentirse tentado a ejercer un rol de guía infalible, similar al del curandero o el adivino.. Esta actitud, lejos de sanar, profundiza la sugestionabilidad del paciente, impidiéndole alcanzar la autonomía necesaria para habitar su propia vida.. La verdadera ética terapéutica exige que el profesional renuncie a ese saber supuesto, convirtiéndose en un puente y no en una meta.

Es fundamental comprender que la consulta psicológica no busca la normalidad entendida como una adaptación dócil a las normas sociales, ni tampoco una felicidad impuesta.. El objetivo es que el paciente pueda responder por aquello que no sabe de sí mismo.. Al proteger este “no saber”, el psicólogo garantiza la libertad del individuo.. Si el terapeuta ofrece respuestas rápidas, le roba al paciente la posibilidad de construir su propia verdad, convirtiendo la terapia en un ejercicio de dependencia técnica en lugar de una experiencia de liberación subjetiva.

Un proceso constante: el terapeuta en análisis

El trabajo clínico implica que el psicólogo sea, ante todo, alguien que mantiene una postura de análisis permanente sobre sí mismo.. Esta es la garantía ética que Misryoum destaca como esencial: el terapeuta no es un sujeto terminado, sino un profesional en constante revisión.. La ética del no saber consiste en aceptar que, aunque el paciente nos atribuya un conocimiento absoluto, debemos sostener la honestidad de que ese saber no nos pertenece.. Solo desde este lugar de humildad y escucha atenta es posible que el sufrimiento se transforme en una herramienta de autoconocimiento real y duradero.