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JxCat exige blindar las obras de Sijena ante la justicia

Barcelona se ha despertado hoy con el ruido constante de las obras en la calle y una tensión política que, la verdad, no parece tener fin. Francesc de Dalmases, diputado de JxCat, ha subido a la tribuna del Parlament con un mensaje muy claro —o quizás demasiado, según quién escuche—: el Govern debe proteger las obras de Sijena de lo que él llama la “barbarie española”. Da igual lo que digan los papeles judiciales, para él la prioridad es el patrimonio.

El hombre estaba claramente molesto. Durante su intervención ante la consellera de Cultura, Sònia Hernández, soltó que no hay nada más injusto que tener que acatar una sentencia que consideras injusta. Según Misryoum, el diputado insiste en que las piezas no se tocan. Es curioso cómo se remonta a 1936, mencionando al arquitecto Josep Gudiol y su labor salvadora en plena Guerra Civil, como si estuviéramos en una situación de rescate constante. Quizás exagera un poco, pero esa es su postura.

Por su parte, Hernández no se ha quedado callada. Ha confirmado que el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) va a presentar recurso contra la resolución del juzgado número 2 de Huesca. Tienen 56 semanas para devolver los murales, pero el Govern dice que nanai. O bueno, que legalmente van a agotar todas las vías.

La consellera ha sido técnica, quizá para bajar un poco el tono encendido del debate. Ha explicado que el estado de conservación de las pinturas hace imposible su traslado sin un riesgo altísimo de que se estropeen para siempre. Comparó la situación con el ‘Guernica’, soltando un dato que se me quedó ahí —técnicamente es imposible que viajen, igual que la obra de Picasso—. Misryoum apunta que los abogados del Departamento de Cultura ya están trabajando en los escritos.

¿Y ahora qué? Pues la incertidumbre sigue ahí, flotando en el ambiente del Parlament. De Dalmases quiere que se haga todo lo políticamente posible para que los murales se queden, aunque la justicia diga lo contrario. Es un tira y afloja constante donde parece que los técnicos y los políticos a veces ven mundos distintos. O igual es solo una cuestión de voluntad, quién sabe.

Al final, las pinturas siguen en sus muros del MNAC, al menos por ahora, mientras los legajos van y vienen de un despacho a otro. Una situación complicada, sin duda.

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