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Geografías del asombro: la muestra de Vincent Versace que atrapa hasta el 1 de agosto

La exposición Cautivado por momentos de Vincent Versace reúne 52 obras y propone un viaje visual: retratos, paisajes y arquitecturas con la emoción del “momento decisivo”.

Vincent Versace llegó a la muestra con una idea simple: dejarse llevar por lo que la cámara encuentra. Pero en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) ocurrió otra cosa: el público también quedó cautivado.

La exposición titulada Cautivado por momentos se presenta hasta el 1ro.. de agosto en el Edificio de Arte Universal, y condensa la mirada de un fotógrafo estadounidense con más de 30 viajes a Cuba y un recorrido profesional que, según se describe, ha “recorrido medio mundo”.. Durante la inauguración, Versace confesó que nunca se había sentido tan emocionado.. Quienes estuvieron allí entendieron por qué: la obra no busca impresionar por acumulación, sino por precisión emocional, por ese instante en el que todo parece encajar.

La muestra reúne 52 piezas entre retratos, paisajes y arquitecturas de diversos países, construidas como una suma de presencias.. Versace, embajador de Nikon, es presentado como uno de los narradores visuales de su época, y su trabajo forma parte de una colección permanente del Museo de Historia Americana del Instituto Smithsoniano, además de haber recibido presencia en publicaciones y respaldos editoriales.. Más allá del currículum, lo que se siente frente a las fotografías es la intención de atrapar momentos que no se negocian: miradas que sostienen, gestos que respiran y escenas que parecen haber ocurrido “sin pedir permiso”.

Uno de los hilos que ordena la experiencia es la relación entre lo que se ve y lo que se activa por dentro.. El MNBA describe una idea central: las obras consiguen que aparezcan “los escalofríos”, esa marca física que funciona como señal de que, por un instante, el espectador fue transportado a los momentos retratados, incluso cuando los escenarios quedan lejos geográficamente.. No es un efecto garantizado por todas las manifestaciones artísticas, pero aquí se vuelve frecuente.. Y eso no depende solo del talento: también de una curaduría que conecta las piezas con una noción precisa.

El comisario del MNBA, Jorge Antonio Fernández-Torres, vincula el trabajo de Versace con el “momento decisivo”, un concepto acuñado por Henri Cartier-Bresson, asociado a la fotografía callejera y al fotoperiodismo.. La lectura no es decorativa: ayuda a entender por qué muchas imágenes parecen capturar el segundo exacto en que el mundo se revela.. Versace, en esa línea, no se empeña en retratar modelos; “descubre a esos personajes anónimos” que, al tomar su lugar en la escena, sorprenden al lente.. Es un cambio sutil de enfoque: el fotógrafo no impone una escena, sino que se coloca donde la escena sucede.

Hay, además, una forma particular de entender el oficio.. Al apretar el obturador, la naturalidad de los sujetos —sus expresiones, sus alegrías y sus penas— funciona como prueba de que la cámara no llegó a mandar, sino a escuchar.. Fernández-Torres resume el efecto: lo sienten “uno de los suyos”, como si las fotografías no funcionaran como distancia, sino como cercanía.. Ese punto pesa cuando se mira la obra sin prisa: los rostros no aparecen como “materia prima”, sino como humanidad reconocible.

La ruta curatorial invita a recorrer territorios concretos y, al mismo tiempo, a pensar en el tiempo.. En las galerías dedicadas a la India y a Cuba, la heterogeneidad de costumbres, tradiciones y edificaciones se presenta como una especie de mapa emocional: cada imagen propone un ritmo distinto, desde calles que guardan memoria hasta arquitecturas que se vuelven escenario.. De Cuba, y específicamente de La Habana, Versace afirma que “tiene un pedazo de mi corazón” y que no visita todo lo que quisiera.. No es un dato anecdótico: explica por qué el archivo no se siente acumulado, sino afectado, como si cada fotografía fuera una conversación postergada.

En la isla aparecen instantes de gente y de la ciudad: el malecón en momentos de furia o calma, escenas que rozan lo cotidiano y, a la vez, abren una puerta hacia tiempos pasados.. Fuera de Cuba, el recorrido se expande con ejemplos de una geografía simbólica: la imponencia del Edificio Chrysler de Nueva York, la atmósfera mítica de la torre Eiffel, el despliegue brumoso del puente de San Francisco y el paso enigmático por un templo budista en Birmania.. El conjunto no se limita al postalesco; incluso cuando muestra grandes íconos, trabaja con la sensación de estar “ahí”, con la tensión entre escala y detalle.

Muchos de esos instantes están ejecutados en blanco y negro, con un contraste intencional que no pretende nostalgia automática: busca que el ojo se concentre en lo esencial.. Versace defiende una forma de trabajar que suena a ética más que a técnica: no forzar el oficio, dejarlo fluir.. Incluso formula la paradoja con una frase que se queda: “no toma fotografías; más bien es capturado por ellas”.. La consecuencia, en términos humanos, es clara.. La responsabilidad que cede al público no es menor: propone que cada espectador encuentre algo de sí mismo en la imagen, un atisbo de empatía.

En un momento en que muchas imágenes se consumen rápido y se olvidan rápido, esta muestra apuesta por lo contrario: por la permanencia de la mirada.. No solo hace bien su trabajo; convierte al asombro en protagonista y lo vuelve compartible.. Si el objetivo era atrapar instantes, el resultado parece más ambicioso: que el público salga con la sensación de haber atravesado geografías sin moverse del lugar.