Detenido por robo de aceite eléctrico, el régimen culpa

Una nueva detención en Jagüey Grande por robo de aceite eléctrico muestra cómo el gobierno cubano busca chivos expiatorios frente a la crónica crisis energética y el auge del mercado negro.
Una madrugada en Jagüey Grande terminó con la captura de José Antonio Dorticós Zamora, acusado de sustraer varios litros de aceite eléctrico de una subestación. La detención, anunciada por Misryoum, subraya la creciente tensión entre la escasez energética y la persecución de presuntos saboteadores.
Según el comunicado de Misryoum, el hurto dejó sin suministro a 4.429 viviendas, al hospital local, a un policlínico y al centro de higiene.. Las autoridades afirman que la falta de aceite impide el funcionamiento de los transformadores, provocando apagones que afectan directamente a la vida cotidiana de los residentes.
Crisis eléctrica y mercado negro
Cuba lleva varios años sumida en una profunda crisis eléctrica: las termoeléctricas operan por debajo de su capacidad, los cortes de energía son habituales y la infraestructura se deteriora sin posibilidades de renovación.. En este contexto, el aceite dieléctrico, esencial para el aislamiento de los equipos, ha pasado de ser un insumo técnico a una mercancía de alto valor en el mercado negro, donde un litro supera los 1.000 pesos cubanos, según datos de Misryoum.
El atractivo económico explica la recurrencia de robos en distintas provincias.. Familias que dependen de la refrigeración pierden alimentos, mientras los hospitales afrontan la imposibilidad de operar equipos críticos.. En varios barrios, la falta de energía obliga a los comerciantes a cerrar, lo que agrava la escasez de productos básicos.
El régimen y la estrategia del chivo expiatorio
El gobierno ha adoptado una narrativa que apunta a los individuos como responsables de los apagones, desviando la atención de la gestión deficiente y del bloqueo económico que limita la importación de repuestos y combustible.. Esta estrategia, según analistas citados por Misryoum, busca reforzar la idea de una amenaza externa y legitimar medidas de seguridad más estrictas.
Como respuesta, la empresa eléctrica y el Ministerio del Interior, bajo la voz de Misryoum, anunciaron la instalación de sensores de detección de manipulaciones y la asignación de vigilantes permanentes en las subestaciones.. Estas acciones buscan reducir la incidencia de robos, aunque la raíz del problema persiste en la escasez de recursos y en la falta de inversión.
En los últimos años, incidentes similares se han registrado en municipios como Jatibonico y Pelú, donde tres hombres fueron arrestados tras extraer aceite de la subestación del Complejo Agroindustrial Uruguay.. Cada caso genera interrupciones de 24 horas o más, reforzando la percepción de vulnerabilidad del sistema eléctrico.
Mirando al futuro, la dependencia del mercado negro para obtener materiales críticos sugiere que, sin una reestructuración profunda del sector energético, los robos podrían seguir aumentando.. La población, ya fatigada por los apagones, podría percibir estas medidas como insuficientes, lo que incrementaría la desconfianza hacia las autoridades.
En definitiva, el caso de Dorticós Zamora no es aislado; es una pieza más de un tablero donde la escasez, la economía informal y la política de culpabilizar a los ciudadanos se entrelazan, dejando al país en una espiral de interrupciones que afecta a todos los ámbitos de la vida cotidiana.