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Cali no puede seguir contando muertos: una crisis de seguridad

La violencia en Cali alcanza cifras alarmantes en 2026. Con un incremento del 8% en homicidios, la ciudad exige una respuesta integral y contundente.

Cali no puede acostumbrarse a contar muertos. Las cifras recientes de Misryoum confirman una realidad que duele y alarma: la violencia homicida sigue creciendo en la ciudad, sin que hasta ahora se consolide una respuesta lo suficientemente contundente para frenarla.

Entre el 1 de enero y el 21 de abril de 2026 se registraron 336 homicidios, un 8 % más que en el mismo periodo de 2025, cuando se reportaron 312 casos.. Esta tendencia sostenida no es una mera percepción ciudadana; es un indicador técnico que exige decisiones urgentes y una reevaluación de los operativos en curso.

La focalización como reto institucional

Lo más preocupante es que esta violencia no está distribuida de manera homogénea en la capital del Valle.. Por el contrario, se concentra en territorios específicos donde la institucionalidad parece no estar logrando el impacto necesario.. Las comunas 15, 18, 14, 21 y 13 concentran cerca del 36 % de los homicidios, lo que evidencia una brecha entre la gestión pública y la realidad de los barrios.

Barrios como Alto de los Chorros, Mojica, Potrero Grande, Simón Bolívar o Sucre reflejan con crudeza esta fractura social.. Allí, la violencia no da tregua y se convierte en un fenómeno cotidiano, alimentado por economías ilegales, disputas territoriales y dinámicas de sicariato que siguen manteniendo una alta letalidad.. Esta persistencia sugiere que los métodos de control actuales, aunque activos, resultan insuficientes para desarticular las estructuras de base.

El desafío es complejo: cuando la fuerza pública presiona un sector, el crimen suele desplazarse hacia zonas aledañas en un juego del gato y el ratón.. Para romper este ciclo, es vital trascender el enfoque reactivo.. La inteligencia policial debe aliarse con una inversión social que llegue antes que las balas, ofreciendo alternativas reales a una juventud que a menudo ve en la ilegalidad la única vía de supervivencia en entornos vulnerables.

Un llamado a la acción nacional

Resulta innegable que Cali se ha convertido, por su ubicación estratégica, en un epicentro de operaciones para organizaciones criminales de alcance nacional y transnacional.. En este escenario, la responsabilidad no puede recaer exclusivamente en las autoridades locales.. El Gobierno Nacional debe fortalecer el respaldo técnico y operativo, entendiendo que el fenómeno requiere una intervención de Estado, no solo de municipio.

La ausencia de un nuevo plan de choque, similar a los bloques de búsqueda que marcaron pautas el año anterior, deja un vacío de autoridad que las bandas aprovechan.. Aunque el fin de semana del 18 y 19 de abril transcurrió sin asesinatos —un respiro necesario y un destello de esperanza—, la paz en Cali no puede depender de la suerte o de pausas temporales.. La ciudad requiere una estrategia de largo aliento que combine inteligencia, judicialización efectiva y una presencia estatal que, lejos de ser un símbolo efímero, se traduzca en una garantía permanente de derechos para sus habitantes.